La ansiedad llega sin avisar

La primera vez que tienes un episodio de ansiedad no tienes la menor idea que está pasando en esos momentos realmente, para mí fue algo realmente inexplicable a pesar que en teoría sabía cómo se presentan estos síntomas.

Los síntomas que se presentan pueden ser hormigueo, palpitaciones, sudoración, sensación de peligro inminente.

Mi primer episodio fue en el 2010 y me encontraba manejando mi auto, me acompañaba en el asiento del copiloto un amigo de la universidad y en el asiento de atrás mi mamá.

Eran entre las 9 y 10 pm, estamos yendo a comer algo, conversábamos de varias cosas cuando de pronto ocurrió. Todo a mi alrededor se silenció, solo escuchaba mi respiración, como mi corazón palpitaba, seguido de una sensación de hormigueo en el cuerpo y mi visión solo se centró en como las luces de mi alrededor brillaban más.

Si bien sentir y tener todas esas sensaciones era desagradables, esa no fue la parte más crítica por así decirlo, sino que por algunos segundos mi mente se desconectó. No sabía dónde estaba, ni que estaba haciendo y peor aún quienes eran mis acompañantes, solo podía observar que mi mente entraba en un túnel donde cada vez más me sentía más distante de la realidad.

Lo único que atiné es a aplicar la única técnica de relajación que en ese momento tenía a la mano, que era respirar con el diafragma. Seguido de ello, mi mente volvió a tomar el control de la situación, recordó dónde estaba, a dónde íbamos, quiénes eran y lo más importante que los síntomas desaparecieron, claro, no con la rapidez que iniciaron, pero desaparecieron.

En ese momento no sabía que había ocurrido, no le comenté a nadie porque de alguna manera no aceptaba y me daba miedo. Pasaron los días y esa sensación que en cualquier momento me podía tener un nuevo episodio estaba presente, y mientras más trataba de alejar esos pensamientos, los síntomas aparecían.

Esta sensación me acompaño casi 1 año entero antes de solicitar ayuda, en ese año más me preocupe en fingir que no pasaba nada, que en atender el tema de raíz. Lo que ocasionó que yo tuviera problemas en la universidad, amistades entre otros, esa etapa de mi vida no fue agradable.

En ese entonces no quería aceptar que necesitaba ayuda, y es algo bastante común, el querer resolver tus problemas solo, y más en una sociedad que te juzga cuando dices “voy a ir al Psicólogo”.  Te cuestionan con preguntas como: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿estás bien?, o frases como: “ya te va a pasar”, “a mi ya me ha pasado antes y debes superarlo”, “no es el fin del mundo”.

Escuchar estos comentarios o preguntas, más que motivarte, lo que hacen es desmotivarte, generar dudas o pensar que estas mal por sentirte así o que eres débil por querer buscar ayuda.

Cuando en realidad al buscar ayuda profesional es todo lo contrario, es tomar control de tus pensamientos y emociones, es ser responsable contigo mismo, con tus seres queridos y la sociedad.

En mi caso la psicoterapia me brindó un espacio en donde puede ser yo mismo, hablar de aquellos pensamientos y emociones que me costaban aceptar y hasta pronunciar.

Pero una vez que lo realizas, sinceramente entiendes que no eres perfecto, que los demás no son perfectos, que el mundo no es perfecto, y que vas a tener que aprender a desarrollar habilidades que te permitan enfrentar de manera adecuada las situaciones que vives a diario.

En la actualidad hay situaciones que me generan estrés y ansiedad, pero ahora cuento con mayores herramientas que me permiten enfrentar dichas situaciones de una manera más adecuada.